Érase una vez una isla en donde habitaban todos los sentimientos, la alegría, la tristeza y muchos más, incluyendo el amor. Un día, se les avisó a los moradores que la isla en la que vivían se iba a hundir; rápidamente todos los sentimientos se apresuraron a salir de la isla, se metieron en sus barcos y se preparaban a partir, pero el amor se quedó porque quería estar un rato más con la isla que tanto amaba, antes de que se hundiese. Cuando por fin estaba ya casi ahogándose, el amor comenzó a pedir ayuda; en eso venía la riqueza y el amor dijo: riqueza, llévame contigo !! No puedo, hay mucho oro y plata en mi barco, y no tengo espacio para ti, contesto la riqueza; el amor le pidió ayuda a la vanidad, que también venía pasando. Vanidad, ayúdame por favor !! No puedo ayudarte amor, tu estás todo mojado y vas a arruinar mi barco nuevo; entonces el amor le pidió ayuda a la tristeza: tristeza, me dejas ir contigo ? Ay amor! estoy tan triste que prefiero ir solita; también paso la alegría, pero ella estaba tan alegre que no escucho al amor cuando este le pedía ayuda; ya desesperado, el amor comenzó a llorar y fue ahí cuando una voz lo llamó y le dijo: Ven amor, yo te llevo. Era un viejito, pero el amor estaba tan feliz que se le olvidó preguntarle su nombre y al llegar a tierra firme, el amor le preguntó a la sabiduría: sabiduría, quien era el viejito que me trajo hasta aquí? y la sabiduría respondió: Era el tiempo. El tiempo? pero porqué solo el tiempo me quiso traer? y la sabiduría respondió: porque solo el tiempo es capaz de ayudar y entender a un gran amor.
La tolerancia es la disposición cívica a convivir armoniosamente con personas de creencias diferentes y aún opuestas a las nuestras, así como con hábitos sociales o costumbres que no compartimos.
La tolerancia no es mera indiferencia sino que implica en muchas ocasiones soportar lo que nos disgusta: por supuesto, ser tolerante no impide formular críticas razonadas ni obliga a silenciar nuestra forma de pensar para no "herir" a quienes piensan de otro modo. La tolerancia es de doble dirección, es decir que el precio de no prohibir o impedir la conducta del prójimo tiene como contrapartida que éste se resigne a objeciones o bromas de quienes tienen preferencias distintas.
Ser tolerante no es ser débil sino ser lo suficientemente fuerte y estar lo suficientemente seguro de las propias elecciones como para convivir sin escándalo ni sobresalto con lo diverso, siempre que se atenga a las leyes.

Fernando Savater. Copyright Clarín y Fernando Savater, 2007.