• Una escuela que forma ciudadanos solidarios y responsables se apoya tanto en las actitudes de los profesores y maestros como en los contenidos científicos para lograr la formación integral sustentada en principios éticos.
  • La educación necesaria para lograr la formación de un ciudadano responsable y solidario debe en primer lugar ser niveladora, permitiendo a cada individuo apropiarse de los saberes y aptitudes necesarios para insertarse en la sociedad según las características de su singularidad se lo permitan.
Formar personas es formar ciudadanos y los docentes debemos asumirlo como nuestra responsabilidad

  • ¿Cómo se hace para que los alumnos se interesen por el problema moral? Una manera de ir al encuentro de la respuesta sería volver la mirada hacia el proceso de socialización: cada miembro de la sociedad tiene un sentido de pertenencia que lo liga a sus semejantes. Es en la defensa y el refuerzo de esos lazos que la educación debería poner su acento para alcanzar el interés de los alumnos por la moralidad. La educación hace que el niño se sienta miembro de comunidades de diferente extensión, desde la familia a la nación y la humanidad. Podríamos creer que la primera tarea de la educación moral es formar al niño como ser humano y luego inculcarle los valores de la ciudadanía, sin embargo ambas cosas no pueden hacerse por separado, ya que en el proceso de socialización se hace imperativo transmitir de diversas maneras el sentido de pertenencia a una sociedad, y en esa tarea es indispensable el tratamiento de valores que tienen directa relación con la noción de ciudadanía. De aquí que se haga posible sostener la afirmación inicial: formar personas es formar ciudadanos.
  1. Independientes e inmutables: son lo que son y no cambian, por ejemplo: la justicia, la belleza, el amor.
  2. Absolutos: aquellos valores que no están condicionados o atados a ningún hecho social, histórico, biológico o individual. Un ejemplo puede ser los valores como la verdad o la bondad.
  3. Inagotables: no hay ni ha habido persona alguna que agote la nobleza, la sinceridad, la bondad, el amor. Por ejemplo, un atleta siempre se preocupa por mejorar su marca.
  4. Subjetivos: los valores tienen importancia al ser apreciados por la persona, su importancia es sólo para ella, no para los demás. Cada cual los busca de acuerdo con sus intereses.
  5. Objetivos: los valores son también objetivos porque se dan independientemente del conocimiento que se tenga de ellos. Sin embargo, la valoración es subjetiva, es decir, depende de las personas que lo juzgan. Por esta razón, muchas veces creemos que los valores cambian, cuando en realidad lo que sucede es que las personas somos quienes damos mayor o menor importancia a un determinado valor.